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El agua no nace en la llave: la naturaleza es la infraestructura que sostiene nuestro futuro

Una ciudad puede inaugurar plantas, presas y kilómetros de tubería y seguir acercándose al desabasto. Cuando una cuenca pierde bosques, humedales y capacidad de infiltración, disminuye el agua disponible para abastecer hogares, sostener actividades productivas y responder a las sequías.

La presión ya alcanza una escala crítica. Cerca de 4 mil millones de personas viven bajo condiciones de estrés hídrico severo durante al menos un mes al año, según la UNESCO. La demanda aumenta conforme avanza la urbanización: hacia 2050, miles de ciudades crecerán en regiones que ya enfrentan dificultades para garantizar el suministro. Ese crecimiento ocupará más suelo, elevará el consumo y ejercerá mayor presión sobre acuíferos y fuentes superficiales.

Para conservar las zonas naturales que captan lluvia y favorecen la infiltración y recargan el subsuelo, es indispensable pensar en estrategias de planeación y desarrollo que consideren el territorio como un valor y a quienes lo habitan como gestores de los recursos naturales y la capacidad hídrica de los sitios que proveen servicios ecosistémicos para la continuidad de la vida comunitaria, las ciudades y las actividades productivas.

A partir de esta visión territorial, Pronatura México, organización mexicana con 45 años de trabajo dedicada a la conservación de la biodiversidad y al desarrollo de soluciones basadas en la naturaleza, identifica cinco factores que deben incorporarse a las decisiones públicas y empresariales sobre el agua.

  1. La infraestructura hídrica comienza en la cuenca. Bosques, humedales, ríos y suelos saludables captan lluvia, favorecen la recarga del subsuelo y moderan los efectos de inundaciones y sequías. Conservar una cuenca, por tanto, también protege la infraestructura que depende de ella. Una red de abastecimiento difícilmente puede compensar por sí misma la pérdida progresiva de sus fuentes.
  2. La naturaleza debe ser parte de las decisiones de inversión. La inversión mundial en soluciones basadas en la naturaleza para la seguridad hídrica alcanzó 49 mil millones de dólares en 2025, el doble que una década atrás, de acuerdo con The Nature Conservancy. Estos recursos han respaldado 1,645 iniciativas de restauración forestal, manejo de cuencas y conservación de ecosistemas. Su finalidad es concreta: proteger fuentes de agua potable, reducir el riesgo de inundaciones y mejorar la disponibilidad del recurso. La restauración también funciona como una estrategia de gestión de riesgos ambientales, sociales y operativos.
  3. La corresponsabilidad debe traducirse en financiamiento. Las cuencas atraviesan municipios, abastecen ciudades y sostienen actividades productivas. Su gestión requiere acuerdos entre comunidades, autoridades y empresas, acompañados de responsabilidades y recursos claramente definidos. En México ya operan esquemas de cofinanciamiento con la participación de compañías como P&G, Nestlé y Walmart. Las inversiones incluyen obras de conservación de suelo y agua destinadas a reducir la erosión, retener escurrimientos y aumentar la infiltración. Estos modelos permiten vincular las metas corporativas de gestión del agua con necesidades específicas del territorio.
  4. Sequías e inundaciones forman parte de una misma planeación. El cambio climático altera la frecuencia y la intensidad de las lluvias, además de prolongar periodos secos, como ha advertido la ONU. Esta variabilidad obliga a planear ambos extremos de manera conjunta. Almacenar agua durante las temporadas de mayor precipitación, recuperar zonas de infiltración y proteger áreas de recarga puede reducir la vulnerabilidad durante las sequías. La misma planeación ayuda a contener escurrimientos y disminuir daños cuando las lluvias superan la capacidad de drenaje de las ciudades.
  5. La ciencia permite saber qué soluciones funcionan. Restaurar un territorio también exige medir resultados. Estaciones meteorológicas, imágenes satelitales, drones e indicadores hidrológicos permiten conocer cambios en la cobertura vegetal, la humedad del suelo, la calidad del agua y la capacidad de infiltración. El Humedal de Rayón, en el Estado de México, muestra el potencial de integrar ingeniería y procesos naturales. Con capacidad para tratar 40 litros de agua residual por segundo, este sistema reproduce funciones de los humedales para depurar el recurso y favorecer su aprovechamiento. El monitoreo permite evaluar su desempeño y generar evidencia para replicar soluciones semejantes.
México tendrá que ampliar y modernizar presas, plantas, acueductos y redes de distribución. Esa inversión será insuficiente si las cuencas que alimentan el sistema continúan deteriorándose. Incorporar bosques, humedales y suelos a la planeación hídrica permitirá proteger las fuentes de abastecimiento y aprovechar mejor cada peso destinado a infraestructura.
Las decisiones presupuestales, urbanas y empresariales que se adopten hoy definirán cuánta agua podrán captar, conservar y distribuir los territorios durante las próximas décadas.
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