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El error de invertir pensando en eventos como el Mundial: ¿por qué no garantiza valor inmobiliario?

El impacto económico del torneo de fútbol internacional más importante del mundo, que inicia esta semana, se trasladó ya a distintos sectores, incluido el inmobiliario.

Turismo, ocupación hotelera, derrama económica y demanda de alojamiento son algunos de los temas que aparecieron en análisis de mercado y proyecciones de inversión durante todo 2026. Sin embargo, de acuerdo con Ricardo Straffon, CEO de Sofía Fractional Residence Club, advierte que invertir este año únicamente con el foco puesto en dicho evento, podría conllevar el riesgo de confundir un acontecimiento extraordinario con una tesis de inversión de largo plazo.

“Los grandes eventos pueden acelerar la demanda, pero no deberían convertirse en la razón principal para comprar un activo inmobiliario. Una inversión sólida tiene que funcionar antes, durante y después del evento. Si sólo hace sentido mientras existe una coyuntura extraordinaria, entonces probablemente no estamos hablando de una inversión, sino de una apuesta”, explica Ricardo Straffon.

La expectativa alrededor del torneo no es menor. Deloitte proyecta que el Mundial generará aproximadamente 2,730 millones de dólares en valor agregado para México, además de alrededor de 112,200 empleos temporales, principalmente en sectores vinculados a hospitalidad, transporte, comercio y servicios.

Sin embargo, el entusiasmo que generan estos números puede llevar a una interpretación equivocada cuando se trasladan directamente al mercado inmobiliario.

La lógica parece sencilla: si llegarán más turistas, aumentará la demanda de hospedaje; si aumenta la demanda de hospedaje, aumentan los ingresos potenciales; y si aumentan los ingresos, cualquier activo inmobiliario relacionado debería ganar valor. Pero la realidad suele ser más compleja.

Ricardo Straffon señala que históricamente, los grandes eventos internacionales generan picos temporales de actividad económica, ocupación y consumo. Lo que resulta mucho más difícil es transformar ese impulso coyuntural en una fuente sostenida de valor una vez que termina el evento.

La pregunta relevante para un inversionista no debería ser qué ocurrirá durante las semanas que dure el Mundial, sino qué sucederá cuando termine.

Y es precisamente ahí donde muchas decisiones empiezan a diferenciarse.

Actualmente, México ya atraviesa una etapa de fortaleza turística. De acuerdo con la Secretaría de Turismo y el INEGI, el país recibió 8.84 millones de visitantes internacionales en enero de 2026, mientras que el número de turistas internacionales alcanzó 4.29 millones, un crecimiento de 8.6% respecto al mismo periodo del año anterior.

Esto permite observar algo importante: el atractivo turístico de México no depende del Mundial. El país ya contaba con una base sólida de visitantes, infraestructura y demanda antes del torneo. En ese sentido, el certamen actúa como un acelerador temporal de una dinámica existente, no como el origen de la misma.

“Uno de los errores más comunes es asumir que un evento por sí solo puede sostener el valor de una inversión durante años. Los eventos generan visibilidad, ocupación y movimiento, pero una inversión inmobiliaria sigue dependiendo de factores mucho más permanentes: ubicación, operación, demanda recurrente y la capacidad de generar ingresos de manera consistente”, señala Straffon.

Esta reflexión resulta particularmente relevante en un momento donde los inversionistas tienen acceso a una variedad creciente de modelos inmobiliarios, especialmente en destinos turísticos y mercados vinculados a la hospitalidad.

En ese contexto, algunos esquemas de inversión han comenzado a evolucionar hacia estructuras que priorizan la eficiencia operativa y la generación de valor más allá de coyunturas específicas. Es el caso del modelo de propiedad fraccionada vinculado a activos turísticos, donde el análisis ya no se centra únicamente en la expectativa de ocupación durante un evento extraordinario, sino en la capacidad del inmueble para sostener ingresos, operación y demanda a lo largo del tiempo.

Más allá del entusiasmo que pueda generar un evento de escala global, los especialistas coinciden en que el verdadero análisis debe centrarse en la capacidad del activo para sostener su desempeño una vez que desaparece el efecto mediático.

Un activo puede beneficiarse temporalmente de una coyuntura favorable, pero su desempeño futuro dependerá de variables mucho más estructurales: calidad del producto, operación, experiencia del usuario, demanda sostenida, conectividad y capacidad de adaptación a los cambios del mercado.

Por eso, la conversación para los inversionistas quizá no debe centrarse exclusivamente en dónde habrá más visitantes durante las siguientes cinco semanas, sino en qué activos seguirán siendo relevantes cuando la conversación global se traslade a otro tema.

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