Estás aquí
Inicio > Tecnologia > Cuanto más produce la IA, más criterio necesita la comunicación

Cuanto más produce la IA, más criterio necesita la comunicación

En pocos segundos, una IA puede escribir el comunicado. Lo que todavía no puede decidir es si deberíamos publicarlo. Esa diferencia parece pequeña, pero contiene buena parte del futuro de la Comunicación Estratégica.

La inteligencia artificial está eliminando algunas de las fricciones que durante años definieron el trabajo de comunicación: investigar, sintetizar, producir versiones, adaptar formatos o analizar grandes volúmenes de información. La capacidad seguirá creciendo. El error sería interpretar que, porque una tecnología puede producir una respuesta convincente, también puede asumir la responsabilidad de elegir la respuesta correcta para una organización.

Esa frontera empieza a acercarse a la alta dirección. Un estudio global de IBM entre 2,000 CEOs encontró que 64% se siente cómodo tomando decisiones estratégicas importantes a partir de información generada por IA. La cifra no significa que los algoritmos estén sustituyendo la decisión ejecutiva, pero sí muestra hasta qué punto sus recomendaciones empiezan a entrar en espacios donde antes solo participaban personas.

Para Joel Sebastián, Client Services VP en another, ahí aparece una distinción fundamental:

“La IA puede darte cien argumentos razonables para comunicar algo. Lo que no conoce es cuál de ellos estás dispuesto a defender cuando un periodista cuestione la decisión, un colaborador la contradiga o una comunidad interprete el mensaje de otra manera. La reputación empieza precisamente donde termina la respuesta fácil: cuando una organización tiene que decidir qué cree, qué puede demostrar y qué consecuencias está dispuesta a asumir públicamente”.

Ese es el territorio donde la comunicación deja de ser producción y empieza a convertirse en dirección.

1. Qué historia merece ser contada

La IA puede encontrar patrones, identificar temas y generar narrativas alrededor de prácticamente cualquier iniciativa corporativa. Eso no significa que todas merezcan convertirse en una historia.

Una compañía puede tener veinte anuncios posibles y solo uno capaz de fortalecer realmente su posicionamiento. También puede disponer de un gran dato que resulte irrelevante para la conversación pública o de una iniciativa atractiva cuya evidencia todavía no soporte la narrativa que quiere construir.

El criterio estratégico consiste en distinguir información de significado.

Antes de preguntar cómo contar algo, las organizaciones deberían preguntarse por qué alguien fuera de ellas tendría que prestarle atención y qué asociación quieren construir en la mente de sus audiencias cuando la noticia desaparezca.

2. Cuándo hablar —y cuándo no hacerlo

La velocidad tecnológica puede generar una nueva presión: si podemos responder inmediatamente, sentimos que deberíamos hacerlo.

Pero reputación y velocidad no siempre avanzan en la misma dirección.

Una tendencia puede estar dominando la conversación y no pertenecerle a la marca. Una controversia puede exigir primero escuchar. Una crisis puede necesitar hechos antes que mensajes. Y una postura corporativa puede generar más confianza cuando existe suficiente evidencia para sostenerla que cuando aparece simplemente porque el mercado espera una reacción.

Las audiencias también están desarrollando sensibilidad hacia el uso de IA. El AI and Digital Trends: Customer Behaviors and AI de Adobe encontró que un tercio de los consumidores dejaría de interactuar con una marca si descubre que su contenido fue generado por IA, mientras 37% haría lo mismo si descubre que interactúa con IA cuando esperaba hacerlo con una persona.

El dato no implica que las marcas deban ocultar o evitar la tecnología. Sugiere algo más relevante: la eficiencia no elimina las expectativas de autenticidad, transparencia y responsabilidad.

“Vamos hacia un entorno donde cualquier compañía podrá sonar inteligente, informada y hasta empática en cuestión de segundos. Eso va a hacer que las palabras pierdan valor si no existe algo detrás que las sostenga. La ventaja no estará en tener el mensaje más perfecto, sino en construir organizaciones donde comunicación, decisiones y comportamiento cuenten la misma historia. Cuando producir credibilidad aparente se vuelve barato, la coherencia real se vuelve mucho más valiosa”.

Ahí cambia también el papel de los equipos de comunicación.

Su valor no estará únicamente en producir materiales con mayor velocidad. Estará en hacer mejores preguntas antes de producirlos: identificar riesgos, interpretar contexto, cuestionar afirmaciones, anticipar lecturas, entender a quién corresponde hablar y reconocer cuándo una decisión aparentemente comunicacional es, en realidad, una decisión de negocio.

La inteligencia artificial puede convertirse en una extraordinaria copiloto de ese proceso. Puede ampliar nuestra capacidad para analizar escenarios, descubrir señales y explorar alternativas.

Pero hay una diferencia entre tener más respuestas y saber cuál merece convertirse en la voz de una compañía.

A medida que la primera capacidad se automatiza, la segunda se vuelve más estratégica.

3. Qué postura estamos dispuestos a sostener

Quizá esta sea la decisión más importante.

La IA puede analizar cómo reaccionaron miles de personas ante un tema, identificar el argumento con menor riesgo e incluso recomendar las palabras con mayor probabilidad de aceptación. Pero una postura corporativa no debería ser simplemente el promedio estadístico de aquello que menos incomoda.

Tomar posición significa establecer límites: qué valores prevalecen cuando existen intereses contrapuestos, qué mensaje puede sostenerse internamente y quién debe asumir públicamente la responsabilidad de defenderlo.

Para el experto de la agencia de comunicación estratégica another, esa capacidad será cada vez más valiosa precisamente porque la tecnología hará más sencillo producir discursos impecables:

Top