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La eficiencia energética ya dejó de ser una meta ambiental: hoy es una decisión de competitividad, señala Signify

La llegada de nuevas inversiones e infraestructura industrial está aumentando las necesidades energéticas en México. En este escenario, aprovechar mejor la energía disponible comienza a convertirse en una variable relevante para la capacidad operativa y competitividad de las empresas. De acuerdo con el Programa Sectorial de Energía 2025-2030 (Prosener), México busca alcanzar hacia 2030 una reducción promedio anual de 2.9% en la intensidad energética del consumo final, indicador que relaciona el consumo de energía con la actividad económica.

Este avance contribuye también a objetivos globales como los ODS 7, 9 y 13, relacionados con energía asequible y no contaminante, industria e infraestructura sostenible y acción climática. Para las empresas, utilizar menos energía para mantener o incrementar su operación puede reducir costos, liberar capacidad y generar mejores condiciones para crecer.

“La eficiencia energética ya dejó de ser una meta ambiental para convertirse en una decisión de competitividad. Las empresas necesitan tener certeza de que van a contar con energía suficiente para operar y crecer, pero también preguntarse qué tan eficientemente están utilizando la capacidad que ya tienen. Cada unidad de energía que dejamos de consumir innecesariamente puede destinarse a actividades que generan mayor valor para el negocio”, explicó José Avalos, Líder de Asuntos Públicos y Gubernamentales de Signify México.

En instalaciones industriales, la iluminación conectada permite ajustar el uso de energía de acuerdo con la ocupación y las necesidades reales de cada espacio, además de monitorear su desempeño. A través de soluciones como Signify Interact, el consumo energético destinado al alumbrado puede reducirse hasta en 80%, de acuerdo con Signify. La compañía denomina “negavatios” a la energía que deja de demandarse gracias a estas eficiencias, permitiendo aprovechar la capacidad disponible para procesos de mayor valor.

Esta lógica cambia la manera de entender la eficiencia: reducir el consumo no significa reducir la
actividad, sino utilizar mejor la energía disponible para producir, operar o crecer. “Durante mucho
tiempo la eficiencia energética se entendió principalmente desde el ahorro o la sostenibilidad. Hoy necesitamos verla también desde la productividad. Si una planta puede realizar la misma operación utilizando menos energía en su infraestructura, esa capacidad liberada se convierte en un activo. La iluminación inteligente deja entonces de ser solamente un gasto operativo para convertirse en una palanca estratégica para el negocio”, señaló José Avalos.

La digitalización amplía estas posibilidades. Los sistemas de iluminación conectada convierten los puntos de luz en nodos capaces de recopilar información, monitorear el consumo en tiempo real y ajustar su funcionamiento según las condiciones de cada instalación. Sensores de ocupación y plataformas de gestión inteligente también pueden integrarse con sistemas como climatización y ventilación, extendiendo la optimización energética más allá de la iluminación.

Para las empresas que forman parte de cadenas globales, gestionar y optimizar el consumo
representa otro factor de competitividad: contar con infraestructura preparada para responder a
estándares técnicos, regulatorios y de sostenibilidad cada vez más exigentes por parte de corporativos, clientes y mercados internacionales.

¿Cuánto cuesta seguir operando de manera ineficiente?

A pesar de los beneficios, modernizar la infraestructura todavía enfrenta una barrera importante. De acuerdo con Signify, uno de los principales obstáculos no es tecnológico, sino financiero: muchas organizaciones priorizan inversiones directamente relacionadas con la producción frente a la renovación de infraestructura energética.

Modelos como Light as a Service (LaaS) buscan cambiar esta lógica al trasladar la modernización de una inversión inicial de capital (CAPEX) hacia un gasto operativo (OPEX), utilizando parte de los ahorros energéticos generados para financiar el proyecto. Esto plantea una pregunta distinta para las organizaciones: no solo cuánto cuesta modernizar su infraestructura, sino cuánto cuesta seguir operando con consumos que podrían evitarse.

“México tiene una oportunidad importante de crecimiento industrial y aprovecharla requiere infraestructura capaz de acompañarlo. La competitividad no dependerá únicamente de tener acceso a más energía, sino de qué tan inteligentemente somos capaces de utilizarla. Para las empresas, transformar la eficiencia energética en capacidad para operar, invertir y crecer será cada vez más una decisión de negocio”, concluyó Avalos.

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