Las olas de calor exponen la vulnerabilidad eléctrica de Nuevo León y su industria Mundo Verde por RES - julio 13, 2026julio 13, 20260 Las olas de calor que han elevado las temperaturas por encima de los 45°C en distintas regiones del país están sometiendo al sistema eléctrico mexicano a una presión sin precedentes. La combinación de una mayor demanda de electricidad y una infraestructura de transmisión y distribución cada vez más exigida ha incrementado el riesgo de apagones y variaciones de voltaje, generando una cadena de afectaciones que impacta a la industria, las pequeñas y medianas empresas y millones de hogares. Uno de los casos más representativos es Nuevo León. A pesar de ser un estado exportador neto de electricidad, durante las últimas semanas ha registrado múltiples interrupciones en el suministro eléctrico debido a la saturación de la infraestructura de distribución durante los periodos de mayor consumo. De acuerdo con especialistas del Clúster Energético de Nuevo León, el reto no radica en la capacidad de generación, sino en la capacidad de transportar y distribuir la energía cuando la demanda alcanza niveles críticos, como ocurrió recientemente cuando el sistema operó cerca de su límite de capacidad. La situación no es exclusiva de Nuevo León. Durante este año también se han registrado interrupciones del suministro eléctrico en entidades como Yucatán, Quintana Roo, Tamaulipas y Veracruz, derivadas de altas temperaturas, fenómenos meteorológicos y una creciente presión sobre la infraestructura eléctrica. Todo apunta a que estos eventos podrían volverse cada vez más frecuentes conforme aumenten las temperaturas y el consumo energético. Para la industria, las consecuencias van mucho más allá de quedarse sin electricidad. Un microcorte de apenas unos segundos puede detener líneas automatizadas, descalibrar maquinaria, provocar pérdidas de materia prima, afectar procesos de manufactura y generar horas de inactividad. De acuerdo con Gartner, el costo promedio del tiempo de inactividad para una operación industrial puede alcanzar los 5,600 dólares por minuto, dependiendo del sector y la criticidad de la operación. Las pequeñas y medianas empresas tampoco son ajenas a este escenario. Según la Cámara Nacional de Comercio en Pequeño (Canacope) Monterrey, un solo apagón puede representar pérdidas de entre 2 mil y hasta 40 mil pesos por establecimiento, debido al deterioro de mercancía, daños en equipos eléctricos, interrupción de ventas y disminución de la productividad. Frente a este panorama, el almacenamiento energético comienza a consolidarse como una herramienta estratégica para garantizar la continuidad operativa de las empresas, además de contribuir a una gestión más eficiente de la energía. «Hoy el desafío ya no consiste únicamente en producir energía más económica o limpia, sino en asegurar que las empresas nunca tengan que detener su operación por una falla en la red eléctrica. En estados altamente industrializados como Nuevo León, la resiliencia energética se está convirtiendo en un factor de competitividad tan importante como la digitalización o la automatización», afirmó José Hernán Zambrano, Director Comercial de Bright. La empresa ha desarrollado soluciones que combinan generación distribuida, almacenamiento inteligente y sistemas avanzados de baterías capaces de responder de forma instantánea ante interrupciones o variaciones de voltaje, operando bajo un esquema similar al de un UPS industrial de gran escala. A diferencia de las plantas de emergencia convencionales, que requieren algunos segundos para entrar en funcionamiento, estas baterías eliminan los llamados flickers o microcortes que pueden afectar maquinaria de alta precisión o detener procesos automatizados. Estas soluciones ya se encuentran en operación en México en plantas del sector automotriz, donde la calidad de energía es fundamental para su operación. Además de proteger la continuidad operativa, estos sistemas permiten almacenar energía durante los periodos de menor demanda para utilizarla cuando las tarifas eléctricas son más elevadas, mediante estrategias de peak shaving que pueden reducir hasta 35% el costo de electricidad. Todo ello bajo esquemas de arrendamiento o contratos de suministro de energía (PPA), que permiten a las empresas implementar la infraestructura sin realizar una inversión inicial. «Las empresas no pueden controlar las temperaturas extremas ni la presión que enfrenta la red eléctrica, pero sí pueden decidir qué tan preparadas están para operar cuando ocurren interrupciones. Hoy existen modelos que permiten fortalecer esa resiliencia sin descapitalizarse, protegiendo tanto la operación como la competitividad del negocio, con soluciones como las que ofrecemos en Bright», agregó Zambrano. Lo que hoy ocurre en Nuevo León anticipa un desafío que cada vez será más común en otras regiones del país. Conforme las olas de calor incrementen la demanda eléctrica y la infraestructura continúe operando bajo presión, garantizar la continuidad del suministro dejará de ser únicamente un tema de eficiencia energética para convertirse en un elemento estratégico de competitividad. En ese contexto, soluciones como el almacenamiento energético y la generación distribuida comienzan a consolidarse como una herramienta clave para que la industria, las pymes y otros sectores productivos puedan reducir su exposición a interrupciones, fortalecer su resiliencia y mantener la continuidad de sus operaciones frente a un sistema eléctrico cada vez más exigido. Compartir en Facebook Compartir Compartir en TwitterTweet Compartir en Pinterest Compartir Compartir en Linkedin Compartir Compartir en Digg Compartir