Segunda Vida de una Botella: La Patente Mexicana que Puede Transformar el Reciclaje del PET Mundo Verde por Pilar Hernández - julio 9, 20260 Cada año, millones de toneladas de plástico terminan en rellenos sanitarios, ríos, mares y ecosistemas naturales. Aunque el PET es uno de los materiales más reciclados del mundo, una parte importante de las botellas que utilizamos diariamente nunca vuelve a aprovecharse y termina convertida en residuo. Frente a ese desafío, investigadores de la Universidad Iberoamericana desarrollaron una patente que busca transformar la forma en que se recicla químicamente este material. La tecnología permite recuperar ácido tereftálico, una de las materias primas fundamentales para fabricar PET. La principal ventaja de esta nueva patente es que hace más eficiente el proceso, reduce el consumo de reactivos, disminuye la generación de residuos y podría abaratar los costos de operación. Además, permite obtener materias primas de alta pureza que pueden reincorporarse a distintas cadenas productivas, lo que abre la posibilidad de aprovechar una mayor cantidad de PET que hoy termina en la basura. La investigación surge en un contexto global preocupante. De acuerdo con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), el mundo genera cada año más de 350 millones de toneladas de residuos plásticos. Cerca del 12 por ciento corresponde a PET, es decir, más de 42 millones de toneladas anuales. Sólo una parte logra reincorporarse a nuevos ciclos productivos; el resto termina en rellenos sanitarios, cuerpos de agua o ecosistemas terrestres. Frente a ese panorama, los investigadores y académicos Jorge Ibáñez Cornejo (izq.), Rubén César Vásquez Medrano (en medio) y Arturo Fregoso Infante (der.) decidieron mirar las botellas desde una perspectiva distinta. No como basura, sino como una reserva de recursos. Reciclaje químico del PET más eficiente y verde La innovación representa un avance respecto a tecnologías previas de reciclaje químico del PET, ya que permite obtener ácido tereftálico de alta pureza y recuperar hidróxido de sodio mediante un proceso electroquímico que reduce el consumo de reactivos y genera además hidrógeno y oxígeno como subproductos. La Patente 429828, otorgada a la Universidad Iberoamericana en noviembre de 2025 y vigente hasta 2041, fue desarrollada en colaboración con los estudiantes de Ingeniería Química Jorge Alberto Benítez Arévalo y Diego Millán González. Recuperar las materias primas La tecnología desarrollada por el equipo permite descomponer químicamente el PET para recuperar los compuestos con los que originalmente fue fabricado y devolverlos a la industria para producir nuevos materiales. “Lo volvemos a transformar a sus materias primas originales”, explica Arturo Fregoso. A diferencia del reciclaje tradicional, que suele reutilizar el plástico tal como está y puede deteriorar algunas de sus propiedades con el tiempo, este proceso recupera sustancias con la misma calidad que las obtenidas a partir de recursos vírgenes. “Cuando obtienes ácido tereftálico no lo puedes diferenciar de otro obtenido a partir del petróleo. Es el mismo”, señala el investigador. Además, la tecnología busca aprovechar justamente el PET que hoy suele quedarse fuera de los esquemas convencionales de reciclaje. Mientras los procesos tradicionales requieren materiales relativamente limpios y separados, una gran cantidad de botellas termina desechada porque no cumple esas condiciones. “Lo importante ya no es la botella, sino las sustancias que contiene”, afirma Rubén Vásquez Medrano. Para los investigadores, el verdadero valor del PET no está en el envase, sino en los materiales que pueden recuperarse para volver a fabricar nuevos productos. El desafío es enorme. México consume alrededor de 750 mil toneladas de ácido tereftálico al año para fabricar PET, pero sólo se recicla cerca del 30 por ciento. Eso significa que aproximadamente 470 mil toneladas terminan fuera de los circuitos de aprovechamiento. De la botella a nuevos productos El ácido tereftálico recuperado puede utilizarse para fabricar nuevamente PET, pero también fibras de poliéster, resinas y diversos materiales industriales. La industria textil aparece como uno de los sectores con mayor potencial. Actualmente, la producción mundial de fibras de poliéster ronda los 80 millones de toneladas anuales, mientras aumenta la presión internacional para sustituir materias primas de origen fósil por materiales recuperados mediante reciclaje. Esto significa que una botella desechada podría convertirse nuevamente en envases, fibras textiles, ropa deportiva o productos industriales. Una innovación sobre otra innovación La patente otorgada en 2025 es la evolución de una tecnología anterior desarrollada por el Dr. Arturo Fregoso. Aquella primera versión ya permitía recuperar ácido tereftálico a partir de PET reciclado, pero requería consumir hidróxido de sodio y ácido sulfúrico, además de generar sulfato de sodio como subproducto. Cuando el proceso fue presentado a la industria, surgió una observación clave: el consumo de sosa podía convertirse en un obstáculo para su viabilidad económica a gran escala. La nueva patente nació precisamente para resolver ese desafío. Mediante un proceso electroquímico, el equipo logró recuperar el hidróxido de sodio dentro del propio sistema y eliminar el uso de ácido sulfúrico. “El resultado es una tecnología más eficiente, con menor consumo de reactivos y alineada con los principios de la química verde”, explica Vásquez Medrano. Del laboratorio al mundo real Aunque la patente ya fue otorgada, la tecnología se encuentra actualmente a nivel laboratorio y su siguiente reto será avanzar hacia etapas de escalamiento industrial. Sin embargo, los investigadores consideran que el proyecto demuestra el potencial de la investigación universitaria para generar soluciones a problemas reales. La trayectoria de sus creadores respalda esa aspiración. Jorge Ibáñez es Investigador Nacional Emérito y fue reconocido por la Unión Internacional de Química Pura y Aplicada (IUPAC) por sus aportaciones a la enseñanza de la química; Rubén Vásquez Medrano es miembro del Sistema Nacional de Investigadores nivel 2 y especialista en en procesos electroquímicos e ingeniería de procesos; mientras que Arturo Fregoso ha dedicado gran parte de su carrera a la innovación en la enseñanza experimental de la química. Para ellos, el proyecto refleja una visión de la sustentabilidad que integra dimensiones ambientales, económicas y sociales. “Todo está interconectado”, recuerda Ibáñez, retomando una idea central de la encíclica Laudato Si’ del Papa Francisco. Aunque la tecnología aún se encuentra en etapa de laboratorio, sus creadores consideran que representa un paso importante hacia procesos de reciclaje químico más eficientes y sostenibles. En un contexto global marcado por la acumulación de residuos plásticos, la patente abre una nueva posibilidad para reincorporar materiales desechados a la economía circular y reducir la dependencia de materias primas de origen fósil. Compartir en Facebook Compartir Compartir en TwitterTweet Compartir en Pinterest Compartir Compartir en Linkedin Compartir Compartir en Digg Compartir