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La estrategia basura cero como herramienta comunitaria para la acción climática

“Basura cero es imposible”. Es una de las primeras objeciones que aparecen antes de hablar sobre cómo cambiar la forma en que producimos, consumimos y gestionamos nuestros residuos. La basura es un síntoma de un problema sistémico y el reflejo de una sociedad de sobreconsumo, desperdicio y acumulación. Basura cero no significa dejar de producir residuos de un día para otro. La estrategia basura cero, a través de sus cinco pilares, propone una trayectoria para reducir al mínimo la generación de residuos, recuperar materiales que aún tienen valor, fortalecer el poder ciudadano y dejar atrás el modelo lineal de extraer, producir, consumir y desechar.

Frente a la crisis climática, necesitamos soluciones rápidas. Y, a diferencia de grandes proyectos como incineradores y rellenos sanitarios, muchas iniciativas basura cero pueden implementarse rápidamente, sobre todo en los primeros eslabones de la jerarquía. Sin embargo, aunque el sector de los residuos es la tercera fuente más importante de emisiones de metano y que genera un 3,3% de las emisiones globales de GEI, su potencial de mitigación sigue subestimado.

¿Qué se está desaprovechando? Primero, la oportunidad de reducir en un 62% las emisiones de metano provenientes de vertederos mediante planes de recolección y separación en origen. Segundo, el potencial del sector cuando se considera el ciclo de vida completo de los materiales. Una gestión que considere todo el ciclo de vida de los materiales, desde la extracción hasta la eliminación, y que priorice separación, reducción, reúso y reciclaje, podría mitigar emisiones de otros sectores y convertir al sector residuos en “neto negativo”.

Pero basura cero está ocurriendo y funciona en más de 550 municipios del mundo. Por ejemplo, en Santa Juana, Chile, los residuos orgánicos enviados a relleno se redujeron 35% en los primeros 4 meses del programa. En Argentina y Brasil, cooperativas de recicladores son responsables del 90% de la recuperación de los materiales reciclables sólidos y están comenzando a incorporar el compostaje. En Ecuador, restaurantes están apostando por sistemas de reuso para frenar la contaminación por plásticos.

La pregunta entonces no debería ser si basura cero es posible, sino si los gobiernos locales están dispuestos a aprovechar esta oportunidad de liderazgo climático y reducir sus residuos, abandonar modelos deshumanizadores y tecnologías perniciosas, y enfrentar la crisis climática fortaleciendo la organización local y el poder comunitario.

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