Mexicali también tiene una historia con sabor a cerveza Estilo de Vida por Pilar Hernández - agosto 21, 20260 En medio del desierto, Mexicali se abrió camino con el esfuerzo de su gente, creciendo entre campos agrícolas, industria y frontera, hasta convertirse en la capital de Baja California y en una ciudad donde el trabajo, la diversidad cultural y el intercambio fronterizo han moldeado una identidad propia, llena de contrastes, donde el desierto convive con los campos del Valle y la gastronomía china forma parte de la vida cotidiana. En su historia hay algo que se ha vuelto indispensable para la vida cachanilla: la cerveza, y para entender cómo llegó a ocupar un lugar tan especial en su identidad, tenemos que regresar hasta 1923, cuando comenzaba a escribirse uno de los capítulos más importantes de su vocación cervecera. En aquella época, la ciudad crecía y la frontera jugaba un papel importante en ese desarrollo, fue entonces cuando Miguel González Quiroz y Heraclio Ochoa apostaron por algo que terminaría dejando una huella profunda. El 4 de julio de 1923 abrió sus puertas la Cervecería Mexicali, que pronto se convertiría en una de las industrias más importantes del noroeste mexicano y llevaría el nombre de la ciudad mucho más allá de sus calles. La cerveza que ahí se producía era una pilsener lager de inspiración europea, de perfil ligero y refrescante que, por sus características y por el clima cálido de la región, pronto comenzó a formar parte de la vida cotidiana, acompañando comidas, reuniones y esos momentos en los que una cerveza bien fría siempre encuentra su lugar. Poco a poco, aquella bebida que llevaba el nombre de la ciudad comenzó a convertirse también en parte de su identidad. Y mientras la cervecería crecía, la frontera también hacía lo suyo, pues la Ley Seca en Estados Unidos convirtió a ciudades fronterizas como esta en puntos de encuentro para quienes cruzaban desde California en busca de aquello que ya no podían consumir legalmente en su país. La cerveza encontró así una oportunidad y un público que ayudó a impulsar su presencia en la región, mientras del otro lado de la frontera comenzaba a consolidarse una tradición que terminaría quedándose. Con el paso de los años, encontró otro lugar muy especial: las mesas de los restaurantes chinos, donde la llegada de esta comunidad y el desarrollo de su gastronomía dieron forma a una combinación que terminó por convertirse en parte de la memoria cachanilla. Comida china y cerveza fría comenzaron a ir de la mano y, todavía hoy, forman parte de la experiencia gastronómica y de la identidad local. La antigua cervecería dejó de operar en 1973, pero la historia no terminó ahí. Décadas después, una nueva generación comenzó a experimentar haciendo cerveza en casa, probando ingredientes, estilos y recetas, hasta que poco a poco llegaron pequeños productores, cervecerías, espacios de degustación, festivales y una comunidad que hizo de la cerveza artesanal una nueva forma de vivir esta tradición. Uno de los proyectos que marcó esta etapa fue Amante Brew Company, que comenzó en 2011 y desarrolló una propuesta que recorre distintos estilos, desde IPA y porter hasta recetas con sabores propios de la región, entre ellas Rita, una Old Ale elaborada con miel de dátil que conecta la cerveza con uno de los productos emblemáticos del Valle. También está Fauna Tasting Room, con cervezas como Lycan Lupus, Hazy Lycan y Penélope, una propuesta que apuesta por los aromas, los sabores intensos y la experimentación, mientras su espacio combina gastronomía, terraza, música y convivencia. A este recorrido se suman Averno Cervecería, Cervecería Chinesca, El Sarmiento, Media Sangre, Malgro Cervecería y Mandala, proyectos que muestran la diversidad de una escena que sigue creciendo y encontrando nuevas maneras de contar su propia historia. Y entonces aparece un lugar que parece cerrar el círculo: Cervecería Ícono, instalada en el edificio histórico de la antigua Cervecería Mexicali de 1923, el mismo espacio que alguna vez fue escenario de una de las industrias más importantes de la región y que hoy vuelve a tener cerveza entre sus paredes, ahora desde una mirada contemporánea, con estilos como Kölsch, NEIPA y Double IPA. Es justo ahí donde se entiende que la historia no desapareció, simplemente cambió de forma. La cerveza artesanal cachanilla tomó lo que tenía a su alrededor y lo convirtió en nuevas posibilidades, desde el calor del desierto y la gastronomía china hasta los ingredientes que produce el Valle, con dátil, miel, frutas y chile apareciendo en distintas recetas para llevar un poco del territorio a cada vaso. Por eso, recorrer la escena cervecera es también una forma de conocer el destino, sentarse en una terraza, descubrir un barrio, entrar a un taproom, probar una etiqueta, escuchar música o compartir una mesa, porque detrás de cada cerveza hay personas que han decidido apostar por una tradición y llevarla por nuevos caminos, creando espacios donde la bebida se convierte también en convivencia. Edited with Labbet app En una ciudad que se abrió camino en el desierto, la cerveza también ha sabido abrirse camino, acompañando su crecimiento y transformándose con ella, y lo que comenzó hace más de cien años hoy continúa en cada cervecería, restaurante y espacio de encuentro donde se sigue brindando por una ciudad trabajadora, fronteriza y llena de historias. Sin duda alguna, Baja California es para ti, cuando quieres descubrir un destino a través de sus sabores, de las personas que los crean y de esas experiencias que se quedan contigo mucho después del último sorbo. Compartir en Facebook Compartir Compartir en TwitterTweet Compartir en Pinterest Compartir Compartir en Linkedin Compartir Compartir en Digg Compartir