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El próximo gran activo inmobiliario podría no ser un edificio, sino la información que genera

Tradicionalmente, el valor de un inmueble se ha medido en función de factores como su ubicación, calidad constructiva, diseño y potencial de plusvalía. Sin embargo, la transformación digital está dando paso a una nueva variante en la que se puede contemplar que la información se convierta en un factor relevante en el valor inmobiliario.

Mientras industrias como la financiera, la manufacturera o la logística han aprendido a utilizar los datos para mejorar procesos, reducir costos y tomar mejores decisiones, el sector inmobiliario comienza a explorar el potencial de la información que generan los inmuebles en su operación cotidiana.

Desde el consumo de energía y agua hasta el comportamiento de los sistemas de climatización, elevadores, accesos o áreas comunes, los inmuebles producen diariamente una enorme cantidad de información que, analizada correctamente, puede traducirse en una operación más eficiente y en una mejor experiencia para quienes los habitan y por qué no, para investigación de mercados o de mercadotecnia.

En opinión de Helena Verron, CEO de The Smart Flat y experta en innovación tecnológica aplicada al sector inmobiliario durante muchos años pensamos en los edificios como estructuras físicas cuyo valor dependía casi exclusivamente de su ubicación, diseño o calidad constructiva.

“Hoy vale la pena preguntarnos si la información que generan también comenzará a formar parte de ese valor; más allá de incorporar nuevas tecnologías, este cambio consiste en comprender que los datos dejan de ser un subproducto de la operación para convertirse en una herramienta estratégica que permite anticipar necesidades, optimizar recursos y mejorar la toma de decisiones.

“No se trata únicamente de instalar más tecnología. El reto está en transformar la información en conocimiento útil que permita administrar mejor los inmuebles y responder con mayor rapidez a las necesidades de quienes viven o trabajan en ellos”, señaló.

Esta evolución también plantea nuevos desafíos para desarrolladores, administradores, inversionistas y propietarios. Temas como la gobernanza de datos, la interoperabilidad entre plataformas, la transparencia en el uso de la información y el aprovechamiento responsable de las nuevas tecnologías comienzan a ocupar un lugar cada vez más relevante en el futuro de los bienes raíces.

Lejos de sustituir los factores tradicionales que determinan el valor de un inmueble, como la ubicación o la calidad de la construcción, la información podría convertirse en un elemento

adicional para evaluar la eficiencia operativa, la sostenibilidad y la capacidad de adaptación de los edificios de cara a nuevas necesidades.

Para Helena Verron, la ubicación sigue siendo un factor determinante en el sector inmobiliario. Lo que está cambiando es la forma de entender qué otros elementos pueden hacer que un inmueble sea más eficiente, más competitivo y esté mejor preparado para el futuro.

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