El 97% del plástico mexicano no se recicla. La solución está en el rediseño empresarial Mundo Verde por Mercedes Nolasco - julio 3, 20260 Cada 3 de julio, el Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico recuerda al mundo que la contaminación plástica no es un problema de residuos, sino de diseño. Y cambiar ese diseño —de los productos, los empaques y los modelos de negocio— es precisamente donde el sector empresarial tiene un papel insustituible. México genera 5.7 millones de toneladas de residuos plásticos al año, según el Inventario Nacional de Fuentes de Contaminación Plástica de SEMARNAT y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA). Entre 38% y 58% de esos residuos son mal manejados y tienen alto potencial de fuga al ambiente, a ríos, suelos y costas. A nivel global, el PNUMA estima que se producen más de 430 millones de toneladas de plástico al año. Más de la mitad están diseñadas para usarse una sola vez. Once millones de toneladas terminan en cuerpos de agua cada año. “El problema no es de infraestructura. Es de diseño”, señaló Javier Herrero, director general de Sistema B México. “Es fundamental que las empresas apliquen principios de circularidad para reducir los residuos y su impacto en los recursos naturales.” Sistema B México es el aliado en México del Movimiento B, un movimiento global respaldado por más de 10,000 empresas con presencia en 104 países. En México, agrupa a más de 154 Empresas B Certificadas en 30 industrias diferentes, con más de 20 mil colaboradores. Lo que distingue al Movimiento B en este debate no es el llamado a la acción, sino la guía que ofrece a las empresas para dejar atrás los plásticos de un solo uso. El Tema de Impacto de Circularidad y Gestión Ambiental, parte de los nuevos estándares de certificación B Lab, convierte las intenciones en compromisos verificables: las empresas deben identificar y monitorear sus impactos ambientales reales —generación de residuos, consumo de materiales, cadena de proveedores— y construir estrategias formales para reducirlos. En materia de circularidad, el estándar va más allá del reciclaje. Exige controlar el flujo de materiales, reducir el uso de materiales vírgenes no renovables e incorporar al menos uno de estos principios en el desarrollo de productos: evitar o reducir empaques de un solo uso, diseñar para uso a largo plazo, o garantizar que el producto pueda reutilizarse o reciclarse al final de su vida útil. La responsabilidad no termina en la puerta de la fábrica: el estándar también requiere integrar criterios ambientales en la selección de proveedores. Varias Empresas B en México ya operan bajo estos principios. Hoteles BF es una cadena hotelera con propiedades en Ciudad de México, Ixtapa, Zihuatanejo y Cozumel, y la primera cadena hotelera en México en certificarse como Empresa B. Su modelo de turismo regenerativo tiene como principio no separar la rentabilidad de la restauración de ecosistemas; eliminó las botellas de plástico de sus propiedades, instaló filtros purificadores para que los huéspedes rellenen sus propios contenedores e integró criterios de eliminación de plásticos de un solo uso en la evaluación de sus proveedores. En consumo personal, Rayito de Luna es una empresa fundada en la Ciudad de México en 2012 que elabora productos de higiene y cuidado personal con ingredientes 100% naturales; el 95% proviene de pequeños productores mexicanos. Sus envases de vidrio y aluminio son retornables y pueden reutilizarse hasta 100 veces, la empresa recolecta los envases usados, los lava, los esteriliza y los reintegra al mercado. El producto no termina en el bote de basura; vuelve al ciclo. La oportunidad que pocas empresas están aprovechando Según la Tercera Encuesta de Hábitos de Reciclaje de Plástico 2025 (Vida Circular / Consulta Mitofsky), el 76.7% de los mexicanos pagaría más por envases sustentables, pero solo el 19.4% elige un producto por ese motivo. Para el Movimiento B, esa brecha no es solo un dato cultural, es una señal de mercado que las empresas con modelos circulares tienen una ventana de diferenciación antes de que la regulación nivele el campo. “Los consumidores ya están listos. El rezago está en la oferta”, agregó Herrero. México forma parte de las negociaciones del Tratado Global de Plásticos de la ONU, que avanza hacia la responsabilidad extendida del productor: las empresas serán responsables del ciclo de vida completo de sus empaques, no solo de su venta. Para las empresas, anticiparse implica decisiones concretas hoy, como rediseñar empaques, sustituir materiales problemáticos, adoptar esquemas de refill e integrar materiales reciclados postconsumo. Empresas B en México ya operan bajo ese principio. Empaques compostables, materiales con contenido reciclado y modelos de reutilización son parte de su operación actual, no de sus planes a futuro. Estas iniciativas no solo anticipan marcos regulatorios cada vez más exigentes, sino que responden a una base creciente de consumidores que exige coherencia entre los valores que las marcas declaran y las decisiones que toman. En este Día Internacional Libre de Bolsas de Plástico, el Movimiento B hace un llamado claro al sector empresarial: el momento de actuar no es después de la regulación, sino antes. Con capacidades instaladas, consumidores dispuestos y un marco global en movimiento, México tiene los elementos para liderar en América Latina. “El desafío del plástico no se resuelve únicamente desde la prohibición. Se resuelve desde el rediseño completo de los sistemas de producción y consumo. La economía circular le permite a las empresas innovar, reducir su huella ambiental y generar valor compartido para sus comunidades y ecosistemas”, concluyó Herrero. Compartir en Facebook Compartir Compartir en TwitterTweet Compartir en Pinterest Compartir Compartir en Linkedin Compartir Compartir en Digg Compartir