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De Sangre y Arena: El regreso al escenario del contratenor Héctor Sosa junto a la guitarra de Benedicto Becker

Héctor Sosa es heredero de una dinastía musical en México. El apellido Sosa viene a la mente en cuanto a voces inolvidables se refiere. Él mismo se ha encargado de recopilar algunas piezas musicales interpretadas por su padre, el tenor José Sosa Esquivel, en La inadvertida gloria del comprimario. En este disco recoge la voz de un ángel, José Sosa Esquivel, interpretando arias de Massenet para La Hora Nacional en 1958 o “El Clavel Sevillano”, composición de Agustín Lara, donde queda patente la pasión que le suscitó siempre al veracruzano la imaginería de una España a la que le canta en más de una vez.
Menciono lo anterior tanto por aludir a la tradición a la que pertenece Héctor Sosa Manterola como por su incansable labor de historiografía musical para la memoria del estudio fonográfico en México. A él le debemos, además, el estupendo libro Las vicisitudes del contratenor en México. Publicado por Laberinto ediciones en colaboración con la Escuela Superior de Música y el INBAL, se trata de un acercamiento, a partir del testimonio personal, a la biografía de los contratenores en México, esa peculiar tesitura -diría Eduardo Lizalde- que le ha merecido al propio Héctor Sosa reflexiones agudisimas de tipo histórico, disidente, teórico o de historia de la música.
En este, su libro, ofrece, de manera didáctica, histórica y crítica nociones para entender el sitio que ocupa el contratenor -tono, repertorio, y experiencia- en el mundo de la ópera.
También, no tendría que mencionarlo, pero contextualiza el asunto que confirma el linaje, ha dejado sendas interpretaciones propias de lo que su hermano José Sosa, conocido como José José, convirtió en éxitos mundiales. Mi favorita es “Amnesia”, que recuerdo haber escuchado –a capela– en Oaxaca, en una plaza pública; aquella ocasión, puedo evocar con cierto aire literario, vi cómo la gente que pasaba por ahí fue raptada por la voz del contratenor que cantaba notas conocidas por todos. Arrancó el aplauso a una pequeña multitud que, como yo, no habrá de olvidar esa noche de domingo en que Héctor Sosa cantó “Amnesia” a petición del público presente.
Héctor Sosa, pues, es uno de los más destacados contratenores de México desde su debut en el Palacio de Bellas Artes en 1982 y este viernes 8 de octubre de 2026 ha ofrecido un recital en Irapuato titulado De Sangre y Arena: Romances Pasionales de España.
El concierto se llevó a cabo en el marco del 54 Festival Internacional Cervantino, aunque hay que anotarle el punto a la directora del Instituto de Cultura y Turismo de Irapuato, Gloria Cano, porque la selección de eventos en Irapuato ha sido una colaboración directa con el INBAL.
De Sangre y Arena representa también el regreso a los escenarios de Héctor Sosa y la primera ocasión -una experiencia ignota para cualquiera de nosotros en Irapuato- en que un contratenor ofrece un recital completo en Irapuato.
Este itinerario del amor, el exilio, el drama y la fiesta popular moldeado a través de la música -identidad de la Península- en la voz del contratenor Héctor Sosa y la guitarra de Benedicto Becker ha tenido lugar en el Auditorio del Tec de Monterrey, que es amplio, y quizá eso pudo ser un punto en contra del concierto que se antojaba más íntimo.
Haciendo dueto con Benedicto Becker, Sosa, en De Sangre y Arena, ofreció un repertorio en homenaje a los 150 años del natalicio de Manuel de Falla.
Tuvo, a mi gusto, dos momentos cardinales. En efecto,las Siete canciones populares españolas, de De Falla que interpretó Sosa, en un punto meridiano del centro del concierto. Había abierto con Canciones Sefardíes. A la hora de entrar a las Siete Canciones populares españolas lo hizo una fuerza que nos arrebató el reconocimiento en aplausos contenidos a lo largo del tránsito desde “El paño moruno” hasta “Polo”. La guitarra de Becker hizo honor a los ecos que podríamos tener del piano siempre más punzante a la hora de seguir el agudísimo gesto de la voz para los remates de las piezas populares de De Falla, recordadas siempre por exigir virtuosismo en la ejecución.
Mi favorita: “Asturiana”, que le permitió a Sosa la gala de soltar la voz como para pasearnos en una ola larga que, latiendo, tiene toda la pasión de la enamorada alma que lo daría todo por hallar, de nuevo, a su amado:
Por ver si me consolaba,
Arriméme a un pino verde,
Por ver si me consolaba.
Por verme llorar, lloraba,
Y el pino como era verde,
Por verme llorar, lloraba.
He dicho que distingo dos momentos cardinales del concierto, sin menosprecio de ninguno. El otro pico de la estrella del recital fue el que Héctor Sosa ha dedicado a Federico García Lorca. Se cumplen cincuenta años del asesinato del poeta, dramaturgo y músico virtuoso granadino.
Sosa declamó a García Lorca como invitación y anuncio de la parte final del concierto. Entre Los Mozos de Monléon y Las morillas de Jaen y El Café de las Chinitas, todos recopilados en el famoso libro de romances de García Lorca, había un arie contenido que es lo que suelen provocar los romances traídos del pretérito cerril granadino. Héctor Sosa interpretó las piezas que musicalizó García Lorca –y estrenó en 1931 en su gira por Argentina junto a Encarnación López, la Argentinita–. Lo hizo acompañado del virtuosismo de Benedicto Becker en un recital casi íntimo que le aplaudimos porque en Sosa hemos constatado la pasión del cantante que, además de alcanzar las notas más agudas en el registro del canto de un hombre, lo hace con la pasión que exigen los símbolos que ha elegido interpretar para el público en Irapuato. Hemos podido ver el paso del tiempo en la música española y distinguir en la curaduría de las piezas elegidas por los intérpretes un itinerario de amor, exilio, drama y fiesta popular de la península que encuentra en su música una identidad y que lo mismo emerge en las voces de la endecha, el canto sefardí, una jota o en las sevillanas del siglo XVIII, con ese aire de marcha, que es con la canción que ha cerrado el concierto.
Becker, por su parte, además de ser un compañero fiel al ímpetu y dominio del escenario de Héctor Sosa, dejó muestras claras de su dedicación y dominio de la guitarra al redondear este concierto de voz con piezas en solitario de Joaquín Rodrigo y Francisco Tárrega.
Héctor Sosa, Contratenor y Benedicto Becker, Guitarrista.
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