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Huella de carbono del sector salud se genera antes de la atención al paciente

En el marco del Mes Mundial del Medio Ambiente, la Asociación Mexicana de Industrias Innovadoras de Dispositivos Médicos (AMID), planteó la necesidad de ampliar la conversación sobre sostenibilidad en salud hacia lo que ocurre detrás de cada dispositivo médico, desde los procesos que permiten fabricarlo y distribuirlo, hasta su uso en hospitales y su gestión posterior.

Al pensar en un hospital, suele venir a la mente la atención directa de médicos y enfermeras, los pacientes y la tecnología médica. Sin embargo, para que esa atención ocurra también existe una cadena de procesos, materiales, insumos, empaques, transporte y manejo posterior que pocas veces se ve, pero que forma parte del impacto ambiental del sistema de salud.

Esa parte menos visible cobra relevancia al considerar que la cadena de suministro representa alrededor del 71% de la huella de carbono del sector salud. Para la AMID, este dato muestra que el impacto ambiental del sector no se limita al momento en que una tecnología médica se utiliza en la atención, sino que también está vinculado con las etapas que la hacen posible.

“Todos queremos hospitales que curen personas, pero también necesitamos que operen de manera responsable con el entorno. Por eso, la innovación en dispositivos médicos no solo está en la tecnología que llega al paciente. También está en la forma en que como sector mejoramos procesos, gestionamos materiales y colaboramos para reducir impactos sin comprometer la calidad ni la seguridad de la atención”, señaló Ana Riquelme, directora ejecutiva de la AMID.

En ese sentido, la AMID busca visibilizar prácticas que empresas asociadas ya implementan para avanzar en esta agenda. Se trata de acciones que permiten llevar la sostenibilidad a la operación diaria del sector, siempre bajo los estándares de calidad, trazabilidad y seguridad que exige la atención médica.

Uno de los ejemplos está en el uso eficiente del agua. En plantas de producción, algunas compañías han incorporado sistemas para reutilizar agua o vapor dentro de sus procesos industriales. En servicios que requieren agua de alta pureza, como la atención renal, también existen tecnologías que producen el recurso conforme a la demanda del tratamiento, con el objetivo de favorecer un aprovechamiento más eficiente sin comprometer la seguridad del paciente.

Otro frente está en la recuperación de materiales no clínicos. Entre empresas asociadas a la AMID existen prácticas para separar y acondicionar empaques, tarimas, plásticos y otros insumos utilizados en procesos logísticos u hospitalarios, para que, cuando las condiciones lo permiten, puedan reincorporarse a nuevos usos o transformarse en materia prima para otros productos.

Esta distinción entre materiales clínicos y no clínicos es clave para avanzar sin poner en riesgo el cuidado de las personas. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, cerca del 85% de los residuos generados por actividades sanitarias no son peligrosos y pueden gestionarse como residuos generales cuando se separan de forma adecuada. Identificar qué materiales requieren manejo especializado y cuáles pueden recuperarse bajo esquemas seguros permite ampliar las oportunidades de aprovechamiento dentro del sector.

En México, además del impacto ambiental, esta conversación también tiene una dimensión estratégica. El país es el primer exportador de dispositivos médicos en América Latina y el quinto a nivel mundial, por lo que avanzar hacia procesos más responsables puede contribuir tanto a la operación local como a la competitividad de una industria clave para la salud y la economía.

La AMID subrayó que cualquier avance ambiental en dispositivos médicos debe partir de una condición irrenunciable. Las prácticas sostenibles tienen que preservar la seguridad del paciente, así como la calidad, esterilidad, desempeño, trazabilidad y cumplimiento regulatorio de las tecnologías utilizadas para prevenir, diagnosticar, tratar, monitorear y rehabilitar la salud.

Por ello, escalar esta agenda requiere colaboración entre industria, hospitales, autoridades, personal de salud y usuarios finales. También demanda reglas claras e incentivos que permitan integrar la sostenibilidad en la operación cotidiana del sector de forma viable, medible y sostenida en el tiempo.

“El Mes Mundial del Medio Ambiente es una oportunidad para ampliar la conversación sobre el papel del sector salud en la agenda sostenible. Desde AMID estamos convencidos de que la innovación es la vía para lograrlo, porque permite repensar los procesos que sostienen la atención médica sin renunciar a los estándares que protegen a los pacientes. Asumir ese compromiso implica reconocer que la salud y la sostenibilidad no son agendas separadas”, concluyó Ana Riquelme.

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