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Parkinson a los 37, enfermedad que tiene en jaque a sudcaliforniano, padre y esposo joven

Cuando la mayoría de las personas asocia el Parkinson con la vejez, la historia de Leopoldo rompe ese esquema. A los 25 años comenzó a sentir los primeros síntomas, entre ellos, temblor y rigidez, señales que pasaron inadvertidas o fueron mal interpretadas durante más de una década. Fue hasta los 37 cuando, por fin, obtuvo un diagnóstico definitivo. Los doctores le explicaron que padecía Parkinson de inicio temprano, también conocido como Parkinson Juvenil.

Lo que le ocurre a Polo no es excepcional; de acuerdo con investigaciones de la UNAM, en México es alta la incidencia de casos de Parkinson en menores de 40 años, aunque el país no cuenta con estadísticas oficiales que dimensionen el problema. La enfermedad, segunda condición neurodegenerativa más frecuente en el mundo, se caracteriza por la pérdida progresiva de neuronas productoras de dopamina y, a pesar de que fue descrita hace casi 200 años, aún no existe un tratamiento que la cure.

En el caso de Polo, el tiempo sin diagnóstico correcto agrava el panorama. Cada año que transcurrió sin tratamiento adecuado representa neuronas que no vuelven. Los síntomas motores —lentitud, temblor, rigidez, dificultad para caminar— se vuelven más evidentes una vez que se ha perdido cerca del 80 por ciento de las neuronas dopaminérgicas, un umbral que, según la literatura médica, tarda al menos cinco años en alcanzarse desde los primeros signos.

Un sanador que hoy necesita ser sanado

La ironía de la situación no escapa a quienes conocen a Polo. Es médico fitoterapeuta y herbolario, dedicado durante años a acompañar a cientos de pacientes en sus procesos de salud a través de plantas medicinales y un enfoque integral del bienestar. Hoy es él quien requiere el apoyo de su comunidad.

Su esposa Paulina, quien relata la historia en la campaña Help Us Heal the Healer: Polo’s journey healing Parkinson, describe una carga económica que la familia no puede sostener sola. El tratamiento mensual de Polo incluye consultas médicas especializadas de entre $2,500 y $6,000 MXN por visita, medicamentos y suplementos que rondan los $10,000 MXN mensuales, y tratamientos especializados que oscilan entre $55,000 y $70,000 MXN al mes, además de gastos de traslado para citas de seguimiento. Las terapias más prometedoras son de carácter privado y no están cubiertas por su seguro médico.

A pesar de las difucultades que podría suponer atender esta enfermedad, la familia de Polo se niega rotundamente a dejar de ofrecerle los tratamientos oportunos que necesita.

«No dejaremos de buscar las mejores opciones para Polo. Seguiremos explorando cada tratamiento que pueda ofrecerle una mejor calidad de vida y la posibilidad de escribir una historia diferente a la que normalmente acompaña a esta enfermedad», escribió su compañera, Paulina, y madre del hijo de ambos.

El día a día de Polo refleja una de las consecuencias más documentadas de una enfermedad que conforme avanza, los afectados pierden independencia, los medicamentos se encarecen y las terapias de apoyo se multiplican, convirtiendo el cuidado en una carga familiar que pocas familias pueden absorber sin ayuda.

La colecta solidaria emprendida tiene como meta reunir $800,000 MXN. Hasta el momento se ha recaudado poco más del 15%. Cada aportación se destina directamente a cubrir los gastos médicos y terapéuticos de Leopoldo. Quienes no puedan donar, pueden contribuir compartiendo la campaña a través de este link: https://gofund.me/d35d6f3c8

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