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El costo real de los desastres naturales puede superar 11 veces el impacto económico reportado; Marsh llama a fortalecer la resiliencia empresarial en Latinoamérica

La firma global Marsh líder de servicios profesionales, advierte que la preparación frente a desastres naturales debe evolucionar desde la respuesta a emergencias hacia una estrategia integral de continuidad, protección financiera y cuidado de las personas.

Con motivo del Día Internacional para la Reducción del Riesgo de Desastres, la firma destaca que los Países de Latinoamérica enfrentan una exposición combinada a fenómenos hidrometeorológicos y geológicos. Ciclones tropicales, lluvias extremas, inundaciones y ondas de calor son recurrentes; mientras que los sismos, el vulcanismo, los hundimientos y los agrietamientos, aunque menos frecuentes, pueden generar interrupciones severas.

En Latinoamérica, el impacto de los desastres no se limita a los daños visibles: también incluye interrupciones de la cadena de suministro, ausentismo, desplazamientos, pérdida de productividad y presión sobre las finanzas públicas y privadas. Estas consecuencias pueden prolongarse aun después de que termina la emergencia.

En la última década, Latinoamérica acumuló pérdidas por catástrofes naturales cercanas a 100,000 millones de dólares, de los cuales solo 19,000 millones estaban asegurados, según Swiss Re: una brecha de protección aproximada de 81%. Para las empresas, esto refuerza la necesidad de revisar coberturas, valoración de activos y liquidez para la recuperación.

Los riesgos ambientales siguen siendo estructurales

De acuerdo al Informe de Riesgos Globales 2026 realizado por el World Economic Forum en colaboración con Marsh identifica los fenómenos meteorológicos extremos como uno de los riesgos de mayor severidad en el horizonte de diez años. Esta tendencia también se refleja en la Encuesta de Adaptación Climática de Marsh, realizada a organizaciones públicas y privadas de múltiples industrias: 39% de las empresas que reportaron pérdidas o interrupciones por eventos meteorológicos extremos enfrentó impactos de múltiples amenazas. Las inundaciones fueron el principal peligro reportado, con 61%, seguidas por el estrés hídrico, con 39%, y el estrés térmico, con 22%.

La encuesta muestra que los efectos climáticos trascienden los activos físicos: las áreas más afectadas fueron operaciones y personas, con 78%; activos físicos e infraestructura crítica, con 61% cada una; y proveedores, con 56%. Para Latinoamérica, donde confluyen exposición climática, desigualdad de infraestructura y dependencia de cadenas regionales, el mensaje es claro: la resiliencia debe integrarse en las decisiones de inversión, operación y gobernanza, con una visión que incluya a los sistemas de los que dependen las organizaciones.

El Niño: el impacto puede llegar a través de las personas

El Niño puede afectar la continuidad aun cuando las instalaciones permanezcan en pie. Durante El Niño Costero de 2017, algunas empresas exportadoras del norte del Perú llegaron a operar con cerca de 30% de su plantilla y registraron caídas de producción de hasta 20% por ausentismo.

Las aguas estancadas favorecen dengue, zika y chikungunya; la afectación del agua potable eleva el riesgo de enfermedades gastrointestinales, y el calor incrementa los golpes de calor. En Piura se confirmaron 6,270 casos de dengue durante 2017, además de casos de chikungunya y leptospirosis, de acuerdo con la OPS.

“El impacto de El Niño no se limita a lo físico y lo financiero. Cuando el fenómeno dispara enfermedades, ausentismo y agotamiento, la productividad cae aunque la planta esté intacta. La salud de la fuerza laboral es una variable de continuidad del negocio”, señaló Percy Mesías, Gerente VP de Seguridad y Salud Ocupacional en Marsh Perú.

Marsh recomienda anticipar picos de demanda en beneficios de salud, reforzar protocolos de estrés térmico y agua segura, prevenir criaderos, proteger el bienestar emocional y mapear roles críticos. En la región, la preparación debe considerar también viviendas, familias y movilidad de los colaboradores.

Temporada de huracanes 2026: un pronóstico no elimina la exposición

La temporada de ciclones tropicales de 2026 mantiene la necesidad de preparación en México, Centroamérica, el Caribe y otras zonas expuestas. En el Atlántico se extiende del 1 de junio al 30 de noviembre; en el Pacífico oriental, del 15 de mayo al 30 de noviembre. Sus efectos pueden alcanzar puertos, carreteras, redes eléctricas, comunidades y proveedores.

Los pronósticos estacionales no garantizan el impacto local de un ciclón. Por ello, las empresas latinoamericanas deben actualizar escenarios, umbrales de alerta, inventarios, rutas alternas y mecanismos de comunicación, incluso cuando la actividad prevista sea cercana o inferior al promedio.

Sismos: prepararse para continuar después de la evacuación

México registró 39,983 sismos durante 2025, de acuerdo con el Servicio Sismológico Nacional, que atribuye el aumento de eventos reportados principalmente a una mejor cobertura. En Colombia, el Servicio Geológico Colombiano mantiene un monitoreo permanente de la actividad sísmica, particularmente en zonas como el Eje Cafetero, el suroccidente del país y la región Andina. Venezuela también presenta una exposición sísmica significativa debido a su ubicación cercana a sistemas de fallas activas, como la de Boconó, que atraviesa parte del occidente del territorio. En ambos países, las autoridades han reiterado que los sismos no pueden predecirse con precisión, por lo que la prevención y la preparación deben ser permanentes.

La experiencia de México, Colombia y Venezuela es relevante para toda Latinoamérica: un sismo puede afectar simultáneamente instalaciones, colaboradores, servicios básicos, comunicaciones, proveedores y cadenas de suministro. Además de la evacuación, las organizaciones deben definir qué procesos se recuperarán primero, cuánto tiempo podrían operar de forma remota, qué proveedores alternos están disponibles y cómo se protegerá a las personas durante y después de una emergencia.

“En Latinoamérica, la gestión de desastres naturales debe ir más allá de la respuesta inmediata. Las empresas necesitan identificar sus operaciones críticas, evaluar las dependencias de sus proveedores y servicios esenciales, y probar periódicamente sus planes de continuidad. La preparación permite reducir el tiempo de recuperación, proteger a los colaboradores y sostener la operación incluso cuando una instalación o un tercero crítico se ve afectado”, afirmó Gerardo Herrera Perdomo, director de Consultoría de Riesgos para Marsh en Latinoamérica y El Caribe.

“Los riesgos climáticos ya están generando impactos concretos en las comunidades, las economías y las empresas de la región. Frente a fenómenos como El Niño, las inundaciones, las sequías y los ciclones tropicales, la resiliencia debe incorporar tanto la adaptación de las operaciones como la protección de las personas y los ecosistemas. Integrar el clima y la sostenibilidad en la estrategia empresarial permite anticipar escenarios, orientar mejor las inversiones y fortalecer la capacidad de recuperación”, señaló Rodrigo Suárez, Líder Regional de Clima y Sostenibilidad para Marsh Latinoamérica y El Caribe.

RES
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