¿De qué va el Tratado Global de los Océanos y por qué importa? Columnas por Viridiana Lázaro - enero 15, 2026enero 26, 20260 La economía global depende del océano mucho más de lo que normalmente se refleja en los balances corporativos. Desde la estabilidad climática que impulsa la productividad hasta las cadenas de suministro alimentarias, farmacéuticas y biotecnológicas, el océano, y especialmente las aguas internacionales, son un activo estratégico subestimado. Hoy, el océano enfrenta un nuevo punto de inflexión, la implementación exitosa del Tratado Global de los Océanos logrará la protección del 30% de las aguas internacionales, que constituyen el 61% de los océanos del mundo, para el 2030. Aprobado en junio de 2023 después de aproximadamente 20 años de negociaciones, el Tratado entra en vigor el 17 de enero de 2026 tras la ratificación de al menos 60 países incluido México. En un mundo de tensiones geopolíticas y fragmentación, este acuerdo es un éxito para el multilateralismo y una señal de que las reglas del juego en los océanos están cambiando En el mundo empresarial, por lo tanto, este cambio no solo debe entenderse como una nueva capa regulatoria, sino más bien como una nueva forma de crear oportunidades para la innovación. Las aguas internacionales han servido como un espacio de acceso abierto durante décadas, con beneficios concentrados y costos ambientales externalizados. Esa lógica es insostenible, ya que la pérdida de la biodiversidad de los océanos pone en riesgo su equilibrio ecológico, arriesgando desde la producción de alimentos hasta la producción de productos farmacéuticos, y amenazando los servicios ecosistémicos necesarios para mantener la economía global y particularmente la regulación del cambio climático. Los santuarios oceánicos, en especial aquellos que están altamente protegidos y completamente protegidos, son a la vez uno de los instrumentos clave del Tratado. Estos espacios permiten la restauración de poblaciones marinas, refuerzan la resiliencia de los ecosistemas al cambio climático, conservan grandes reservas de carbono azul y ayudan a apoyar la seguridad alimentaria de muchas personas. Esto de alguna manera se puede traducir también en recursos más estables, menor riesgo a largo plazo y menor exposición a riesgos ambientales que a la postre son más costosos. El Tratado también incluye reglas esenciales que el sector privado conoce bien como la prevención y la responsabilidad. El Artículo 7 también incluye el estándar de “quien contamina paga” como parte del patrón global en regulación ambiental. Anticipar este marco reduce riesgos legales y reputacionales mientras ayuda a las empresas a posicionarse mejor frente a inversores, aseguradoras, consumidoras y consumidores informados. Por otro lado, uno de los capítulos se refiere a los Recursos Genéticos Marinos (MGR). Este capítulo es pertinente porque las aguas internacionales están llenas de biodiversidad, cuya información genética sirve para desarrollar medicamentos, cosméticos, suplementos dietéticos, biotecnología industrial y herramientas de investigación. De este modo, el Tratado proporciona directrices claras sobre notificación y para el reparto equitativo de beneficios, financieros y no financieros, así asegura tanto la presencia de certeza legal como la cooperación científica. Estas disposiciones afectan a las secciones de los recursos genéticos marinos, de los instrumentos de ordenación basados en zonas específicas y de la evaluación de impacto ambiental, y contribuyen en gran medida a la implementación equitativa del tratado. Además de esto, las disposiciones sobre desarrollo de capacidades y transferencia de tecnología marina están destinadas a reducir las asimetrías enfrentadas por los países y permite incrementar el acervo global de ciencia, equipos y experiencia. A través del intercambio de datos, el acceso a instituciones científicas, el desarrollo de tecnologías de monitoreo y vigilancia, así como programas de investigación conjunta, esta infraestructura también forma un ecosistema favorable a las asociaciones público-privadas, la innovación tecnológica y nuevos modelos de negocio. El Tratado contendrá un mecanismo financiero internacional como fondos fiduciarios y apoyo del Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF). Sin embargo, el tiempo es un factor importante. Solo quedan cinco años para la implementación del Tratado y la creación de los santuarios oceánicos. Incluso como advirtió la revista Nature, es una oportunidad única en una generación que exige “usar todas las ideas e instrumentos disponibles”. Las primeras áreas candidatas son áreas de inmensa importancia ecológica como el Mar de los Sargazos, las Montañas Emperador del Pacífico Norte o el Lord Howe Rise en el Hemisferio Sur. Es importante desarrollar rápidamente una arquitectura institucional para que el Tratado sea efectivo y organizar una Conferencia de las Partes, un cuerpo científico y técnico, mecanismos de intercambio de información y una secretaría operativa. Aquí las empresas tendrán un papel esencial en el proceso: contribuir con capacidad, innovación, recursos financieros y una visión sostenible a largo plazo que esté en línea con los objetivos de sostenibilidad del Tratado Global de los Océanos. Proteger las aguas internacionales no es contrario al progreso económico, sino un requisito para mantener a flote los recursos que sostienen la vida y la economía. Las empresas que reconozcan esto, a tiempo, reducirán el riesgo y estarán mejor posicionadas para navegar la transformación hacia un océano verdaderamente sostenible. Compartir en Facebook Compartir Compartir en TwitterTweet Compartir en Pinterest Compartir Compartir en Linkedin Compartir Compartir en Digg Compartir