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El futuro climático del planeta se discute en Brasil, se requiere acción y más financiamiento

A tres días de haber comenzado la COP30 en Belém, Brasil, la conferencia anual donde casi 200 países se sientan a negociar cómo cumplir el Acuerdo de París (tratado internacional por el cual los países se comprometen a reducir emisiones y a colaborar en la adaptación a los impactos climáticos). Mucho se comenta qué es lo que está en juego desde el punto de vista de financiamiento climático, que es un elemento transversal de la discusión.

Para comenzar, la credibilidad del aparato internacional de las Naciones Unidas está en una crisis y por si ésto no fuera poco, los países van de manera acelerada hacia una regresión en cuanto a sus compromisos -ya no sólo climático- sino incluso compromisos con la propia democracia, y la protección de los derechos humanos, el mundo necesita esperanza.

Brasil, como presidencia anfitriona, busca convertir esta COP en un punto de inflexión: pasar de la negociación a la implementación. Propone un “Círculo de Presidencias” que dé continuidad entre cumbres y un “Círculo de Liderazgos Indígenas” que incorpore el conocimiento tradicional a las decisiones globales.

De acuerdo con la Doctora Sandra Guzmán, fundadora de GFLAC, «la COP requiere del compromiso político y diplomático de la presidencia para alcanzar acuerdos. Lo cierto es que la COP30 solo será creíble si viene acompañada de un claro avance en la provisión y movilización de financiamiento climático, particularmente en materia de adaptación».

Además, impulsará el “Balance Ético Global”, una reflexión moral que complemente la revisión técnica de los compromisos. Su meta es clara: movilizar 1.3 billones de dólares anuales para 2035 y elevar la adaptación al mismo nivel que la mitigación.

En la práctica, ¿qué se debería observar? Cada COP tiene su drama textual: si se elimina o no la mención del abandono de los combustibles fósiles; si se adopta una decisión ambiciosa; si los fondos para pérdidas y daños finalmente se operacionalizan.

Una de las participaciones que más sobresalió durante la Cumbre de Líderes, el Secretario General de la ONU, António Guterres, fue tajante: “Ya no es momento de negociar. Es momento de actuar, actuar y actuar”.

Otro momento importante fue el de la atención especial al nuevo compromiso de Belém sobre combustibles sostenibles, al mecanismo “Bosques Tropicales para Siempre” y a la forma en que los actores no estatales -ciudades, empresas, sociedad civil- logren ser reconocidos en la arquitectura oficial del Acuerdo.

Tema muy importante es la Ruta Bakú a Belén para movilizar 1.3 billones de dólares, que es parte del paquete de financiamiento a ser discutido en la COP.

Una COP histórica por todo lo que está en juego

La COP30 se ha considerado un punto de inflexión: un momento decisivo y una prueba de solidaridad global.

La meta: reducir las emisiones netas a un rango entre 364 y 404 MtCO2e, camino hacia el cero neto a mediados de siglo. En adaptación, se refuerzan cinco ejes -comunidades, sistemas productivos, ecosistemas, agua e infraestructura- y se suma uno nuevo: cambio climático y seguridad.

Bajo la presidencia de Brasil, la COP30 girará en torno a una agenda de acción con 30 objetivos clave, cada uno impulsado por un grupo de activación encargado de ampliar la implementación de soluciones.

En conjunto, el marco jurídico construido durante tres décadas en el marco de la Conferencia de las Partes ha contribuido a evitar un aumento de temperatura proyectado de 4°C para finales de este siglo.

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