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Mamá Urbana. En busca de espacios públicos para la primera infancia

La violencia, inseguridad y falta de infraestructura adecuada para los cuidados obliga a las niñas y niños al encierro, pese a que el juego al aire libre y la ocupación de las calles favorecen su desarrollo motor y neurológico. La arquitecta urbanista Sofía Valenzuela lidera en Guadalajara una colectiva que quiere poblar las calles con infancias.

Un grupo de niños jugando puede cambiar la percepción de inseguridad de cualquier espacio urbano. Sin embargo, en las grandes ciudades mexicanas, a las infancias se les ve cada vez menos en las calles.

La violencia del narcotráfico, la criminalidad en las calles, incluso factores ambientales, han condenado a las infancias a las burbujas de concreto y al automóvil, pese a que el juego y recreación al aire libre, así como la ocupación del espacio urbano es fundamental para su desarrollo motor y neurológico.

De acuerdo con el Marco del cuidado cariñoso y sensible para el desarrollo en la primera infancia —un documento desarrollado en 2018 por la Organización Mundial de la Salud (OMS), UNICEF, el Grupo del Banco Mundial y otras organizaciones defensoras de la niñez—, para que los niños
y niñas de 0 a 8 años sobrevivan y alcancen todo su potencial las políticas públicas de cualquier país comprometido con los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) deben priorizar cinco componentes elementales: Buena salud, Nutrición adecuada, Atención receptiva, Oportunidades para el aprendizaje temprano y Protección y seguridad.

En el ámbito de Protección y seguridad este marco subraya la necesidad de implementar leyes, políticas e intervenciones en el diseño urbano con el fin de crear entornos favorables, es decir, espacios con áreas verdes adaptadas para las niñas y los niños, entornos seguros para las familias y el juego, tanto en zonas urbanas como rurales.

En México, los principales centros urbanos (Ciudad de México, Guadalajara, Monterrey) arrastran esa deuda con los ciudadanos del futuro. El metro de la Ciudad de México, por ejemplo, prohíbe el acceso con carriolas y, en algunas colonias, las áreas de juego terminan siendo refugio de personas sin hogar. En las zonas del país asediadas por grupos criminales, salir a la calle es imposible.

Además, gran parte de la infraestructura que ya existe no siempre toma en cuenta las necesidades de la primera infancia ni las de sus cuidadores.

“Los parques, las infraestructuras básicas de cuidados están diseñados por gente que no cuida y que no juega”, plantea Sofía Valenzuela, arquitecta urbanista y fundadora de Mamá Urbana, una colectiva de madres que busca ocupar y recuperar las calles de Guadalajara para las niñas y niños.

Una red de madres que mapea la ciudad

Valenzuela comenzó este proyecto en 2018, después de ser madre y de darse cuenta de los obstáculos que el espacio urbano pone a quienes ejercen labores de crianza. Inició como una red de amigas que se juntaban para salir con sus hijos, pero lo que materializó la iniciativa fue el lanzamiento de un Mapa de cuidados, una especie de guía de lugares en Guadalajara con infraestructura y ambiente seguro para las niñas, niños y sus familias.

“Es como una herramienta de ocupación de la ciudad, para animar a más madres y mujeres que cuidan a que salgan. Mapeamos espacios donde las personas que cuidan han estado y se han sentido cómodas, cuidadas”, explica en entrevista.

En 7 años este proyecto autogestivo ha logrado abrir la conversación sobre el tema, además de realizar activaciones en el espacio público con niñas y niños, como la creación de murales que visibilizan la falta de espacios públicos para las infancias y los retos que implica maternar y cuidar en una ciudad como Guadalajara, donde la sombra de uno de los cárteles más violentos del país está latente.

“Ahora mismo estamos trabajando en un booklet, en el que ya no sólo hablamos de lugares en la ciudad, sino también de apoyo a la salud mental materna. Es como un directorio de eso, para sensibilizar que hay que estar alertas porque, al ser un reto salir de casa por la inseguridad, se
desencadenan enfermedades mentales, depresión, bipolaridad, ansiedad. Muchas mujeres y personas que cuidan enfrentan esto y es una epidemia silenciosa”, comenta la experta.

Para ella, la mejor manera de visibilizar las deficiencias de los actuales diseños urbanos y lograr algún cambio es tejer redes, salir, ocupar y apropiarse de las calles con las infancias.

“No es lo mismo salir sola a un lugar donde me siento insegura que salir con mis amigas, mi mamá o mi prima. Y sí, puede ser retador al principio, pero también es una cuestión de intentarlo. Muchas mujeres que han estado en el colectivo dicen que les da miedo salir, pero lo empezaron a hacer y se les desbloquea ese miedo. No quiere decir que los miedos sean infundados. Las calles son un lugar muy inseguro para las infancias y las mujeres, tenemos índices de violencia de género y de maltrato infantil altísimos, pero lo que tratamos de promover es que, mientras haya mayor visibilidad en el paisaje urbano de estas poblaciones que se sienten vulnerables, esta vulnerabilidad se reduce ocupándolo. Es como un efecto cadena: hacer red, salir e ir transformando estos espacios hostiles de infancias con infancias. No significa que nos hagamos mártires, que nos arriesguemos y expongamos, sino de intentarlo”.

¿Y como madres o cuidadores qué podemos hacer para habitar el espacio público pese a nuestros miedos por la inseguridad?

– Creo que el esfuerzo colectivo es la respuesta. Si pensamos en cómo ocupar las ciudades desde lo individual, sí se vuelve una actividad insegura y con pocos frutos. Una parte fundamental del colectivo es que vamos haciéndolo juntas, cuidándonos las unas a las otras.

Siempre pienso en que, si voy en una calle donde no me siento tan segura, pero del otro lado viene una mujer con una carriola o una señora mayor, me cambio de lado; además, sabes que de ella para atrás está seguro porque ya viene de ahí. Vamos tejiendo estos cuidados en la ciudad, desde la ocupación colectiva.

3 razones por las que las infancias deben ocupar las calles Sofía Valenzuela subraya que hay tres razones fundamentales por las que las ciudades deben ser pensadas para las niñas y niños:

1. Son el primer filtro de seguridad de las ciudades. “Tú llegas a una ciudad que no conoces, pero cuando ves a niños y niñas jugar en la calle, te sientes automáticamente segura”.

2. El espacio público es vital para su desarrollo. “El desarrollo neurofísico de las infancias requiere de calle. Por muy bien que estén sus entornos domésticos, requieren de estar en el territorio, requieren de los olores, de las distancias caminables, la naturaleza, todo lo sensorial que provee la calle y los espacios públicos. Las relaciones barriales son importantísimas”.

3. Igualdad de género. “Hablar de un espacio público que incluye a las infancias es hablar también de mujeres porque, en México y en todo el mundo, quienes más desarrollan los trabajos de cuidados son ellas”.

Abida Ventura
Abida Ventura es periodista cultural desde hace 15 años. Ha sido reportera en la sección cultural de El Universal y de Reporte Índigo. Como periodista independiente, ha publicado en Milenio, la revista del Fideicomiso Centro Histórico, revista Letras Libres y Confabulario, suplemento cultural de El Universal.
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