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¿Estaremos más preparados para la próxima pandemia?

VENTANA DEL CONOCIMIENTO
Periodismo Científico

Javier Yanes
@yanes68

A lo largo de la pandemia de la COVID-19 hemos oído cómo muchas personas decían estar sorprendidas ante lo que creían un escenario distópico de ficción que nunca imaginaron en la realidad. Y ello a pesar de que la comunidad científica llevaba años advirtiendo del riesgo de una grave pandemia. En esta desconexión entre la ciencia y el público no debería olvidarse el papel de los gobiernos, ya que, como ha quedado de manifiesto, los países —al menos en Occidente— no estaban preparados para afrontar una epidemia global. Por ello, y salvando la rapidísima llegada de las vacunas y los test de diagnóstico, un brillante triunfo de la ciencia actual, los medios con los que se ha contado mayoritariamente para frenar los contagios ya se empleaban hace uno o varios siglos, como las mascarillas, cuarentenas y confinamientos. Ahora la pregunta es, ¿lo haremos mejor en la próxima pandemia?

Un nuevo estudio, aún sin publicar, ha encontrado en murciélagos de la provincia china de Yunán varios coronavirus estrechamente emparentados con el SARS-CoV-2, incluyendo el segundo más similar que se conoce, con un 94,5% de identidad entre los genomas de ambos, solo superado por el 96% de otro virus descubierto en 2013 y denominado RaTG13. Pero ya investigaciones anteriores habían identificado varios miles de coronavirus en murciélagos. A estos potenciales enemigos se une una lista de patógenos humanos calificados por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como los más preocupantes, junto con la siempre presente amenaza de las nuevas cepas de gripe y el creciente peligro de las bacterias resistentes, que no pocas voces, incluyendo la OMS, señalan como las posibles protagonistas de la próxima gran pandemia.

SISTEMAS INTERNACIONALES DE ALERTA Y REFUERZO DE LOS SISTEMAS SANITARIOS
Así, después de la COVID-19 difícilmente nadie podrá creer que las pandemias son solo cosa de ciencia ficción. Pero para comenzar, quizá sea necesario mejorar los sistemas internacionales de alerta. La OMS vio cómo los países apenas respondieron a la declaración el 30 de enero de 2020 de la Emergencia Sanitaria Internacional (PHEIC, en inglés), el máximo nivel oficial de alerta, y solo comenzaron a reaccionar en marzo cuando empezó a hablarse de pandemia, una designación no oficial. Una posible reforma del sistema de alertas o incluso un tratado internacional sobre pandemias son opciones que están ahora en la mesa de la OMS y que podrían tratarse en la asamblea general del organismo en mayo.

Pero incluso si la organización internacional de referencia en materia de salud pone en práctica de forma eficaz las lecciones aprendidas de esta pandemia, ello no garantiza la respuesta adecuada de los países. De hecho, en muchos casos se ignoraron las recomendaciones iniciales de la OMS, como evitar los cierres de fronteras. Según un reciente editorial en Nature Medicine, “más que nada, la crisis de la COVID-19 ha sido un fracaso de la gobernanza”. “No existe investigación ni desarrollo científico que pueda compensar el liderazgo ineficaz, la falta de coordinación en los gobiernos y la cooperación internacional entre países”, añade.

Según escribe en la misma revista la exdirectora general de la OMS Margaret Chan, una mejor preparación deberá incluir también el refuerzo de los sistemas sanitarios de los países para asegurar una cobertura universal y un nivel de salud en la población que reduzca las desigualdades y las comorbilidades capaces de aumentar la mortalidad de una pandemia.

Otro aspecto en el que insisten los expertos de cara a futuras pandemias es, en palabras de Chan, “construir confianza”. La crisis de la COVID-19 ha puesto de manifiesto cómo las teorías de la conspiración, el discurso antivacunas o la propagación de desinformaciones y bulos pueden minar incluso una respuesta adecuada. “Construir confianza implica un liderazgo responsable, empoderar a las comunidades, comprometerse con la sociedad civil y alentar la cultura en materia de salud”, escribe la exdirectora general de la OMS.

ENFOQUES EPIDEMIOLÓGICOS DE ANTICIPACIÓN
A diferencia de la política, es indudable que la ciencia sí ha respondido de forma rápida, colectiva e interdisciplinar contra la pandemia, y ello a pesar de tropezones iniciales como la tardanza en extender la recomendación de mascarillas o en identificar riesgos como los aerosoles o la transmisión asintomática, junto con las informaciones dudosas basadas en miríadas de estudios que llegaron a los medios antes de su obligada revisión por pares. Pero el desarrollo rápido de diagnósticos, los sistemas de trazado y rastreo, el testado de posibles tratamientos y la obtención de vacunas han ejercido un papel fundamental en la respuesta reactiva contra la COVID-19.

Sin embargo, los expertos sugieren que la ciencia también debe ser proactiva para la prevención de futuras pandemias, a través de los enfoques epidemiológicos de anticipación — lo que se conoce como nowcasting— y manteniendo una vigilancia y control de posibles nuevas zoonosis dentro de la visión One Health, que integra la salud humana, la animal y la conservación medioambiental. Tampoco el campo de las terapias está limitado solo a reaccionar ante una epidemia ya declarada: según los epidemiólogos de la Universidad de Carolina del Norte Rita Meganck y Ralph Baric, la investigación debe dirigirse al desarrollo de antivirales de amplio espectro y de fármacos destinados a reforzar la lucha del propio organismo contra los patógenos o a aplacar los síndromes de hiperinmunidad, lo que incluye el reposicionamiento de medicamentos ya aprobados o actualmente en ensayo.

Otro tanto se aplica a las vacunas. La existencia de plataformas estandarizadas, basadas por ejemplo en adenovirus o en ARN mensajero, ha permitido su rápida adaptación a la COVID-19. En la Universidad de Stanford, el bioingeniero James Swartz trabaja en la creación de precursores de vacunas, biopartículas ya prefabricadas en grandes cantidades, listas para ser cargadas con el antígeno de un nuevo virus y crear así vacunas a medida con enorme rapidez.

DISEÑO DE VACUNAS DE AMPLIO ESPECTRO
Pero tal vez ni siquiera sería necesario esperar a que surgiera un nuevo virus para obtener el antígeno relevante: en la revista Nature, los inmunólogos Dennis Burton y Eric Topol, del Instituto Scripps, señalan la necesidad de que los gobiernos financien el diseño de vacunas de amplio espectro. Según ambos expertos, las propiedades del virus de la COVID-19 han facilitado el desarrollo de vacunas gracias a la presencia de una diana molecular clara y accesible, la proteína Spike o S, pero esto no ocurre en otros casos; los ejemplos más patentes de ello son el VIH, un hueso muy duro de roer para la vacunología, y las nuevas variantes de gripe que escapan a las vacunas ya disponibles.

Burton y Topol sugieren un diseño racional basado en los llamados anticuerpos ampliamente neutralizantes, que actúan contra partes comunes a distintas cepas o variantes e incluso a diversos virus relacionados, y que actualmente son una promesa contra el VIH, para el que aún no existe ningún arma de tipo inmunitario. “Estos anticuerpos podrían utilizarse como fármacos de primera línea para prevenir o tratar virus de una familia concreta, incluyendo nuevos linajes o cepas que aún no han emergido”, escriben. “Más importante, podrían utilizarse para el diseño de vacunas contra muchos miembros de una familia de virus”.

Por último y según escribe en Nature Medicine el virólogo John Nkengasong, director del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades de África, es clave potenciar también el papel de las tecnologías digitales, en especial la Inteligencia Artificial, que “con su poder analítico será un importante activo en la detección de patrones de expansión de patógenos o de potenciales tratamientos”.

En definitiva, los expertos insisten en que, si queremos aprender las lecciones que eviten futuros desastres como el actual, el momento es ahora. Según Chan, “quienes no aprenden de pasadas pandemias están condenados a repetirlas”.

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